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La Historia

Más de Una Década Dentro del Sistema Legal de Estados Unidos

Esta no es una lista de cargos. Es la historia de cómo se aprende a litigar en el lugar donde los juicios son más grandes, y de por qué esa forma de trabajar es hoy exactamente lo que la inteligencia artificial vino a exigir.

Silvana Pereira Fernández se tituló de abogada en Chile y se fue a Washington D.C., la capital judicial de Estados Unidos. Ahí el derecho se practica a otra escala: firmas con cientos de abogados, casos que mueven industrias completas y juicios que se preparan durante años.

Entró por la puerta donde se ve el litigio de verdad: la preparación de la prueba. En un caso grande americano las partes están obligadas a entregarse sus documentos, y eso significa millones de correos, contratos y registros que alguien tiene que encontrar, revisar y producir sin errores. Esa disciplina se llama e-discovery, y es tan decisiva que los juicios suelen ganarse o perderse ahí, meses antes de la primera audiencia.

En Kirkland & Ellis, una de las firmas más grandes del mundo, llegó a supervisar equipos de más de cien abogados dedicados a revisión documental. Ese trabajo es mucho más que repartir carpetas: hay que escribir el protocolo con que se clasifica cada documento, redactar el manual que van a seguir cien personas distintas para que todas decidan igual, negociar con los proveedores de tecnología que procesan la información, controlar la calidad de lo revisado y preparar la entrega formal a la contraparte, donde un error puede costar el caso.

En BakerHostetler estuvo a cargo del equipo de asistentes legales y de la preparación de juicios en litigios de libre competencia, fraude financiero, recuperación de activos y asuntos de la Primera Enmienda, incluidos casos que llegaron a audiencia. Trabajó en el tipo de causas que aparecen en los diarios: grandes fraudes financieros, carteles de precios, disputas entre corporaciones internacionales.

Más de una década ahí dentro deja tres marcas que no se borran. La primera: los plazos no se negocian, se cumplen con días de holgura. La segunda: la prueba manda; el argumento brillante sin el documento correcto es solo una opinión. La tercera: al cliente se le habla claro, porque en un litigio caro nadie puede darse el lujo de no entender qué está pasando.

Ese vínculo con Estados Unidos sigue vivo. Es chileno-estadounidense, trabaja en inglés jurídico y cuando un caso de sus clientes necesita actuación allá, coordina directamente con abogados socios de estudios americanos, como BakerHostetler, representándolos con una sola interlocutora en Chile.

El regreso a Chile no fue un cambio de estándar, sino de escala: un estudio propio donde esa misma preparación atiende el divorcio, el despido o el conflicto comercial de personas y empresas reales.

Y entonces llegó la inteligencia artificial, y resultó que su oficio de veinte años era exactamente lo que hacía falta. Todo lo que hoy se discute sobre IA (de dónde salieron los datos, quién decidió qué, cómo se documenta, cómo se audita, quién responde, qué pasa cuando la prueba pudo ser fabricada) son las mismas preguntas que ella contestaba a diario en los litigios grandes, mucho antes de que la tecnología las pusiera de moda.

20

años de litigios en firmas de Washington D.C.

Trabajé directamente con Silvana en muchos juicios. Siempre la encontré muy inteligente, colaboradora y diligente. Tenía buenas habilidades jurídicas y ganas de aprender. Trabajaba bien en equipo y era apreciada por quienes supervisaba.
Mark Cymrot, FCIArb Socio en Baker & Hostetler LLP, árbitro internacional

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